martes, 8 de agosto de 2017

James Rhodes: El hombre del piano

Foto: A. Cabrera.
El británico y el público del Cervantes se piropearon anoche en el cierre del Terral
James Rhodes es una estrella del rock. O al menos tiene todo las atribuciones necesarias para serlo, con la salvedad de que él no toca la guitarra, sino que es un virtuoso del piano que ha elevado a Bach o a Chopin –como nadie en los últimos años– a la categoría que se merecen. Sus problemas con el alcohol y las drogas; los amoríos lanzados a la palestra pública; e incluso un terrible episodio en el que fue víctima de abusos sexuales, son elementos que no hacen sino confirmar la rara avis que es en un mundo más encorsetado que el de esos artistas que son capaces de llenar un estadio de fútbol.

A todo ello hay que sumar ‘Instrumental’, una suerte de autobiografía que ha llegado a ser un ‘súperventas’ a nivel mundial; un texto en el que relata todo lo mencionado en el párrafo anterior con lujo de detalles a través de piezas clásicas que le han marcado. Ya fue la estrella de la pasada ‘Noche de los libros’ de la Térmica, y anoche llegaba para cerrar un exitoso Terral en el Teatro Cervantes con prácticamente todas las localidades vendidas.



Lo hacía con las dos herramientas que posee: el virtuosismo a un piano de 170.000 euros –tal como él mismo desveló–, y una labia que usaba para explicar los porqué de una selección de temas protagonizada por Johann Sebastian Bach y Frederick Chopin. Nada de trajes y pomposidad; solo el piano, él, sus gafas, una especie de Converse, y una camiseta negra con cuatro letras blancas que resume todo lo anterior: BACH.
El diálogo con el público es esencial en sus conciertos. / ÁLVARO CABRERA
La selección musical ya se sabía, ya que es lo mismo que ha estado tocando en sus últimos conciertos. Partita núm. 1 en si bemol mayor, de Bach; Balada núm. 4 en fa menor, Op.52, de Chopin; y Chacona en re menor, también de Bach. Tal como él mismo explicaba en ‘Instrumental’, las piezas no son sencillas, ni en la forma de tocar, ni en lo que significan. De esta manera fue explicando que Bach compuso una de sus piezas tras la muerte de esposa sin que pudiera despedirse y con la que tuvo 20 hijos de los que ‘solo’ sobrevivivieron nueve.
También relató cómo Chopin había sido considerado una especie de revolucionario de la música en su momento, y que la balada que había elegido no era sino una especie de resumen de todo en lo que había sido capaz de innovar a lo largo de su carrera.

Un idilio con Málaga

James Rhodes no empezó el concierto tocando el piano, sino hablando. A todo aquel que haya leído el libro le sonaba ese sentido del humor tan característico: «Llevo tres semanas viviendo en Madrid», decía en un español rudimentario, «pero aún estoy aprendiendo el idioma despacio. Despacito...».
A partir de ahí fue todo en inglés, aunque su acento británico permitía que aquellos que no hablaban un inglés muy fluido pudieran saber de qué iba cada parte de la película. Y la casi mil personas encantadas, sí, pero Rhodes también con el teatro. «Hace unos días toqué en el Teatro Real de Madrid, pero el silencio de este público es mayor. Aquí no se escuchan murmullos», decía. Y claro, después de aquello había que seguir con el idilio, por lo que uno de sus incontables bises –en el que hubo algo de espacio para Puccini– estuvo dedicado a la ciudad.
Ochenta minutos más tardes acababa este lujo mundial. «Qué gran sensibilidad, qué impresionante», decía a la salida el director de Teatro Cervantes, Juan Antonio Vigar. Sí, aunque sea todo ‘instrumental’ en la era del pop, James Rhodes es el hombre del piano del siglo XXI.


IVÁN GELIBTER

No hay comentarios:

Publicar un comentario